domingo, 1 de noviembre de 2015

Qué miran tus ojos

Con mucha frecuencia me pregunto ¿Qué miran tus ojos? ¿Qué lugares aprecian estando tan lejos? Me cuestiono si alguna vez, en esas calles tan apartadas de las nuestras, te acordarás de mí. ¿Dónde caminan tus pies? Acaso te traerán ya de regreso a casa o quizás te llevarán a otros lugares recónditos. ¿A dónde te llevan las calles de Huan? Me pregunto si acaso ellas te traen hacia mí. Será que me reemplazaste por esos ojos rasgados y los mercados que se extienden hasta más allá de las líneas del tren. Será acaso que me cambiaste por esas playas paradisiacas en la lejanía del Asia oriental. Bucearás por sus aguas como solías hacerlo en mi piel. Fotografiarás sus montañas y bosques como solías hacerlo cuando estábamos juntos. Te recuerdo cruzando raudamente a campo abierto como todo un Robert Kincaid,  cargado de máquinas fotográficas y todo tipo de lentes y yo siempre más atrás, cuidándote.
Aquí te espero siempre. Aquí te espero aferrada a una foto tuya que me dejaste meditando en uno de esos lugares. Es lo único que me queda que no es venido de tu memoria. Y luego busco y observo la fotografía que me dejaste de las dunas de Valdivia, algo agregaste cuando me la diste que ahora no recuerdo. Sólo sé que no quería tenerla, ese era otro fragmento que dejabas tras de ti, aquí en mis manos ya tan agotadas de retenerte, de recibirte de a pedazos.
Recuerdo el vacío y la inmensidad de esas dunas grises. Están desapareciendo- dijiste, como desaparece lentamente tu recuerdo. Mi memoria es como esas dunas que dejaste atrás. No sabía qué hacer con ellas. Pensé en regresártelas pero luego recordé el ahínco con el que insististe que me las quedara y las volví a guardar entre mis cosas junto al zapatito de Croacia que me obligaste a llevar a casa.
¿A dónde te llevan las calles de Huan? ¿Se encontrarán tus calles serpenteantes e infinitas y las mías nuevamente?


sábado, 17 de octubre de 2015

Esta Mujer

¿Qué puede hacer esta mujer insignificante para merecerte? Su única inquietud es la Literatura. Divaga obsesivamente entre sus cuentos día y noche. Los escribe y reescribe incansablemente. En ocasiones se pregunta cuál fue el momento en el que se enamoró locamente de ti, se pregunta acaso si fue esa mañana en que la suave luz del sol iluminaba tus ojos azules y ese suéter beige que quedaba tan bien con tu piel clara. Esta mujer recuerda esa mañana como si hubiera sido ayer. Recuerda también cómo un día sin dar señal alguna le dijiste que ella era lo mejor que te había pasado. Recuerda cómo se sintió cuando estuvo por tierras lejanas sin ti, cómo te necesitó una y otra vez en esas noches alejadas de tu Patagonia. Se preguntó muchas veces dónde navegabas, en que aguas y con quien estabas. Te necesitó con locura mientras recorría las calles de Poe y de Jazz y resistió incondicionalmente los amores que deseaban alejarte de ella. Ninguno pudo contra ti. Lloró contigo cuando perdiste uno de los tuyos y deseó haber podido consolarte entre sus brazos pero, las Américas se interponían entre ustedes. ¿Qué puede hacer esta mujer para merecerte? ¿Cómo puede extender su mundo? Ella con toda su Literatura no se siente digna de tu divinidad, de tu Arte, de tu existir. Su insignificancia la angustia y atormenta.

Esta mujer recuerda esa noche y esa sonrisa que lo dijo todo en esa habitación de hotel una noche de Agosto. Ella también estaba feliz de estar allí contigo.

lunes, 5 de octubre de 2015

Así

Y así ha sido mi vida,
Una sucesión de prohibiciones autoimpuestas.
No más Coltrane.
No más Miles Davis.
No más cine argentino,
Ni decir de pasearme por Bilbao o el Inés de Suarez.
Ni mirar la Facultad de Ciencias que
Endemoniadamente está frente a mi facultad.
Olvídate del océano y los peces.
Son demasiadas prohibiciones.

jueves, 1 de octubre de 2015

Saudade

Te pienso cada día como si no te hubieras ido. Te pienso y pienso cómo será ella. Veo a las muchachas en el metro y pienso si serán como ella. Si ella será como esas muchachas: fresca y risueña o quizás, una sombra gris. Mis colores se destiñen, pierden fuerza y mientras me miro al espejo nos pienso juntos, sentados en esa banca del Barrio Italia. Llegué tarde lo sé, después de ella y ahora me conformo con verte en ocasiones y hablarte al teléfono por cosas sin importancia. Una amiga mantiene mis esperanzas vivas. Dice: ya verás, esa relación caerá como un castillo de naipes, sólo tienes que saber esperar. Y yo espero.
He pensado comprarme un gato, o conseguírmelo con quién sea, no importa.Te recuerdo observando los niños jugar mientras te veía comer un gran plato en un restaurant perdido del centro. Había ido con la fija idea de recuperar lo mío y luego salir escapando, cómo sólo yo sé hacerlo, pero me rendí ante tu sonrisa.¿Qué tienes que siempre me rindo ante ti?          
     Me da pánico concederte tanto poder. Si tan sólo supieras que me estremezco por completo con tu abrazo, que mis rodillas tiemblan y que mi tartamudeo no es producto del estrés del trabajo, sino de tu atención a mis ideas. A veces quisiera irme lejos de ti y tu recuerdo, de tu presencia y de tu ausencia, pero te pienso a diario y es ese mi tormento.Te leo en ocasiones y me reconozco en tu prosa, como si tus líneas fueran mías y tus historias hubieran sido vividas por mí.¿Qué magia escondes que me afecta tanto?Recuerdo esa tarde en un bar cualquiera mientras bebíamos una cerveza y conversábamos sobre la vida. Debí alejarme ese día cuando me di cuenta, después de dejarte en esa esquina, que no tenía remedio, que me estaba enamorando. Lo supe nuevamente mientras paseábamos por el Parque Forestal, una tarde de invierno. Hablabas del amor y lo que nos sucede al perderlo cuando es de verdad. ¿Qué se hace con el perro? - preguntaste y yo sin saber que responder recurrí a mi criterio y dije lo primero que me vino en mente. No satisfice tus ansias de romanticismo, lo sé pero seguí pensando en el perro hasta mucho después de despedirnos esa tarde, aún sigo pensando en él. Me gustaría que me dijeras que se hace con un amor como éste, cómo se olvida o se reemplaza con otro, uno correspondido. Cómo se vuelve a cero, a ese momento en el que uno inocente da el primer paso y se pierde en ese sentimiento que lo envuelve todo.Lo reconocí de inmediato y lo reconozco ahora mientras escribo estas palabras. ¿Qué tienes que siempre me rindo ante ti?Recorreré una vez más los lugares que visitamos juntos y recordaré nuestras conversaciones buscando regresar al punto de partida cuando no tenía conciencia de tu existencia. ¿Qué tienes que siempre me rindo ante ti? 

domingo, 27 de septiembre de 2015

La guerra

 Esta será mi venganza. Tú te quedaste con él, yo con mi prosa. Tú tendrás que vivir con la realidad pero yo crearé mi propio universo. Escribiré y reescribiré nuestros encuentros, nuestros paseos en el Parque Forestal y el Museo de Bellas Artes. Una tarde en su casa o quizás en la mía. Un par de cervezas: ¿Quién sabe? Yo tengo el poder. Tú sólo verás los acontecimientos pasar sin poder hacer nada. Yo los crearé y los escribiré, los adecuaré a mi gusto. Guiaré sus pasos, sus labios sobre mi piel y su voz suave en mi oído. Imaginaré sus promesas y nuestros años juntos. Una familia, quizá un par de hijos, incluso nuestra vejez… Tú sufrirás con sus mentiras, engaños, inconsistencias, siempre. Te aburrirás de su desorden y descuido, de las tardes de fútbol y las fiestas con sus amigos. Te aburrirás de él al cabo de un tiempo, lo dejarás pero contrario a como piensas yo no estaré allí esperando, estaré escribiendo la historia de nuestras vidas, porque al fin y al cabo eso es lo que hago, escribir.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Llamada Pérdida

Esta es la historia de Vilma. Esta es la historia de Vilma que llama cada día a Sergio, pero no lo llama a su teléfono, lo llama al mío. Comenzó con una llamada perdida que se repitió por días y que no le puse atención hasta que me llamó un domingo por la tarde. Es raro-pensé y luego contesté sólo para escuchar su voz y luego el tut tut del teléfono. Llamé de vuelta y me contestó Vilma, se disculpó diciendo que mi número era muy parecido al de Sergio, su marido. Desde ese momento llama cada día y yo espero como si fuera parte del ritual de mi vida. Guardé su número como Llamada perdida para no olvidarle. Es esa llamada la que me proporciona cierta rutina. Me levanto cada mañana, voy al trabajo y luego del almuerzo espero pacientemente la hora. Como siempre es Vilma, quién al reconocer mi voz cuelga al darse cuenta del error y yo, al otro lado de la línea, sigo con mi vida como si hubiera cumplido con el objetivo del día. ¿Será que cada vez que llama, llama a Sergio? ¿Llamará a Mathias o a Marcos en vez de a Sergio? ¿Será Vilma la que realmente llama o llamará otra haciéndose pasar por ella? En ocasiones pienso que es otra, una que me llama para pedirme explicaciones, para exigirme. Me dice, en mi ensueño, que no lo llame más, que no hable con él porque es su amor y ese amor no se comparte. Y yo pienso en eso de compartir y concluyo que el amor no le pertenece a nadie, no en realidad. El amor es como la briza que llega sin aviso y nos refresca, nos sacude pero cuando se va, sentimos su ausencia como si fuera una silla vacía en una tarde de té de jazmín. ¿Cómo  atrapamos la briza? ¿Podemos acaso ponerle cadenas? Algunas piensan que es así, yo no. A mí me gusta la briza, la briza fresca de una mañana de primavera.
Quisiera alguna vez llamar a Sergio y decirle que también he llegado a extrañarle, a necesitarle pero luego la recuerdo a ella y desisto y pienso en los esfuerzos inútiles que hará para atrapar su briza. ¿Sabrá él que Vilma lo llama sin falta cada día? Creo que no. Creo que Vilma no quiere hablar con Sergio, sino recordarme constantemente que él no me pertenece, que es suyo como si fuera un objeto, una propiedad, su propiedad.
Sergio es también parte de mi vida y pienso que su briza y la mía se complementan y que libres recorren los paseos del Forestal, sin apego, sin promesas ni compromisos como dos pequeños.

Ella llama nuevamente pero esta vez no contesto. Sergio no me deja. Dice: esta vez no, y yo sé que no es Vilma la que llama, es ella y yo dejo sonar el teléfono eternamente. 

jueves, 19 de julio de 2012

Desaparición


Desaparición


Como cada mañana, abrió los ojos y apagó el despertador. Se levantó y fue al baño donde observó su pijama a rayas azules de franela. Sintió que ese sería un día especial así que contento se lavó la cara y fue a preparar el desayuno. Más tarde, mientras se duchaba, repasó cada una de las cosas que haría esa jornada.  Otra mañana en la oficina y por la tarde visitaría algunos clientes.

Betsy, su mujer, estaba de visita en casa de su madre por lo que él debía preocuparse de la cena. Ya en el auto, manejó a la oficina mientras escuchaba In a sentimental mood  de Coltrane. El ritmo suave  de la música le hacía recordar a Betsy  y los ricos pies de manzana que le preparaba los domingos por la tarde. Luego de comer, salían a dar un paseo por el vecindario. Particularmente disfrutaba mucho esas largas tardes junto a Betsy, mientras caminaban por las anchas aceras y los parques donde veían jugar a los niños.

En general,  era un hombre feliz. Su vida, como la de muchos hombres jóvenes casados, no tenía grandes sobresaltos. Hace poco habían comprado una casa nueva, así que Betsy se hacía cargo de la decoración. Él, como era esperado, se preocupaba de proporcionarle lo que ella necesitaba.

Aceleró el Chevrolet master. Una vez en la oficina, se percató que su jefe aún no llegaba así que tuvo tiempo de ir por un café. Le gustaba bien fuerte y con poca azúcar. El aroma lo relajaba, y para disfrutarlo  se recostaba sobre el respaldo del sillón. Una vez en su cubículo, repasó los documentos que tendría que rellenar y revisar. Había un cliente muy importante que visitar en la tarde así que almorzaría en algún restaurante del centro.

Durante la tarde, organizó los documentos y la visita a su cliente. El día estaba soleado y las sombras de las plantas decoraban las alfombras de la oficina como si fueran parte de un patrón romántico. Se detuvo frente al ascensor y esperó que este subiera al piso en que él se encontraba. De pronto, se percató que su sombra no se dibujaba completamente en el suelo así que miró con más atención. A su sombra le faltaba un brazo. Al escuchar la campana del ascensor, se dio vuelta y entró intrigado ya que nunca le había ocurrido algo así. Ya en el primer piso, acomodó su chaqueta y salió del ascensor para subirse al auto.

Una vez en casa, mientras preparaba la cena, recordó lo ocurrido con su sombra y al mirarla con detenimiento, se dio cuenta que ésta no tenía cabeza y que le faltaba la mitad del tronco. Asustado, se tocó el cuerpo temiendo no encontrarlo, pero para su sorpresa aún estaba allí. Prendió todas las luces de la cocina y miró su sombra con atención. Ésta parecía desaparecer lentamente. Pensó que quizás tendría algún problema de visión y decidió ir al médico a la mañana siguiente. Le aterraba pensar que su sombra estuviera desapareciendo o peor aún, perdiera su vista paulatinamente. Comió un sándwich de pavo parado junto a una lámpara mientras observaba cómo su sombra continuaba esfumándose. _ ¿Y si desaparece  por completo mi sombra? _ se preguntaba _ ¿Cómo me presentaré al trabajo mañana? Pensó en llamar a Betsy para contarle pero luego imaginó que ella no le creería, así que desechó la idea. Se puso su pijama de franela y se fue a descansar. Esa noche trató de dormir pero no pudo, estaba profundamente perturbado por lo que estaba sucediendo, así que pasó la noche dando vueltas en la cama.

A la mañana siguiente, despertó con la alarma del reloj. Eran las seis treinta de la mañana. Agotado, se dirigió al baño para lavarse los dientes.  Luego, recordó lo sucedido pero no le dio mayor importancia ya que creyó que era una pesadilla. Se duchó y repasó en su mente los quehaceres de la oficina. Betsy llegaría al día siguiente así que pensó en preparar algo especial para ella.

Ya de camino al trabajo, mientras conducía por la ruta 85, reflexionó sobre lo acontecido el día anterior. Por un momento pensó en la posibilidad de que fuera cierto. No creía posible que algo así le sucediera e incluso en algún momento pensó que se estaba volviendo loco. Sin embargo, su temor era que en algún momento su sombra desapareciera y su jefe o sus compañeros de trabajo se dieran cuenta. ¿Qué le diría a Betsy? ¿Cómo reaccionaría ella?  Sudaba, sus manos temblaban y sus pies perdían fuerza. Era difícil para él conducir en ese estado así que decidió volver a casa. Ese día se reportaría enfermo. No podía ir a trabajar en ese estado, se dijo. Durante el regreso pensó en su situación y cómo ésta era tan delicada, no podía decirle a nadie, así que resolvió quedarse en casa hasta encontrar una solución.

Al llegar, cerró todas las cortinas excepto las de la cocina. Suponía que sólo con un poco de luz solar podría observar y tal vez remediar el problema. Resolvió ponerse el pijama. Ya de regreso en la cocina, se sentó en una silla para pensar en cómo salir de ese lío en que estaba metido. Pensó que quizás con algo de luz artificial podría entender qué estaba ocurriendo así que encendió algunas lámparas. Luego pensó que algo de ejercicio lo ayudaría, cambió los muebles de lugar y corrió de un extremo a otro. Luego probó con abdominales y flexiones de brazos pero no tuvo resultado. Saltó por toda la cocina hasta que le dolieron las piernas. No hubo resultado, su sombra seguía desapareciendo. Desesperado, cubrió sus ojos y permaneció así un momento. Le dolía la cabeza. Sentía como si alguien lo hubiera golpeado con un mazo. No podía creer lo que le estaba pasando, se sentía como una víctima de esos programas de bromas donde unos desconocidos crean un universo paralelo y donde las víctimas son el hazmerreír eterno,  pero en el fondo sabía que nadie podría jugarle una broma de ese tipo. Luego miró a su alrededor, la pieza  le daba vueltas, sentía que moría.

Despertó unas horas más tarde con el sonido del teléfono. Se incorporó a contestar. Era su secretaria.

_Hola_ respondió nervioso.
_Señor, le llamo para consultarle si vendrá a la oficina hoy._ dijo ella con un tono de oficinista.
_Buenos días Jenny, hoy no iré, creo que estoy enfermo así que trabajaré desde casa_ Mintió.
_Muy bien señor, espero se recupere pronto_ dijo la secretaria despidiéndose atentamente.

Colgó el teléfono aliviado pero aún nervioso así que se sentó en una silla para calmarse. De pronto, se dio cuenta que su pie había desaparecido. Con terror, subió su pijama. Toda su pierna había desaparecido, pero era extraño ya que aun podía sentir  y tocar cada uno de los dedos de su pie. Al revisar su otra pierna, vio que ésta desaparecía con rapidez. Se paró y caminó por la habitación. Prendió y apagó las luces para asegurarse que no fuera un problema de luz. Su segunda pierna había desaparecido ya casi hasta la rodilla. Desesperado, subió ambas piernas de su pijama y vio como desaparecían lentamente. Inmediatamente pensó que estaba perdiendo la razón. Todos los acontecimientos  pasados lo habían llevado a ese desenlace. Como aun podía caminar, fue al comedor. Había comprendido que no tendría solución así que decidió escribirle una carta a su mujer.

Escribió como pudo una carta telegráfica y fría. En ella le explicaba a Betsy que su matrimonio debía llegar a su fin, que él no era un buen esposo y que debía dejarla lo antes posible. Al terminar, se dio cuenta que eso no tenía sentido así que arrojó la hoja contra el espejo que había frente a la mesa de roble. Volvió a comenzar otra carta pero no encontró ninguna excusa que pudiera explicar su inminente desaparición así que arrojó las hojas lejos. Mientras observaba el papel esparcido por el comedor pensaba en que su relación con su mujer era incomparable y ambos eran muy felices. No sabía qué hacer para no ocasionarle dolor. Se acurrucó en el suelo y lloró.
Unas horas más tarde, cuando ya casi había anochecido, decidió que se emborracharía, así que buscó el whisky que tenía celosamente guardado bajo llave en uno de los gabinetes de su oficina, y los habanos que fumaba con su suegro cuando éste lo visitaba. Sacó también un disco de Miles Davis y lo puso en el fonógrafo, las suaves notas ayudaban a tranquilizarlo. Davis era uno de sus músicos favoritos. Siempre lo escuchaba en compañía de su mujer los viernes por la tarde después de cenar. Mientras tomaba de la botella, observó como parte de su cintura había desaparecido. Angustiado, tomó otro gran sorbo. Luego prendió el habano con el encendedor alemán que había heredado de su padre. El aroma a tabaco lo relajaba. Fumó largamente sin prisa y sintió cómo el humo recorría cada milímetro de su cuerpo. Se preguntaba como nunca antes se había permitido un placer tan humano. Recordó a Betsy la primera vez que la vio en la feria con su vestido floreado y cómo su cabello rojo brillaba con una intensidad divina bajo la luz del sol. La recordaba con su cabello suelto, sus ojos azules y un pequeño sombrero. Luego cerró los ojos y recordó la primera vez que la besó. Sus labios eran suaves y sus besos cándidos como los de una adolescente. Respiró hondo y disfruto de los aromas del whisky y el habano y cerró sus ojos.  

Betsy quería regresar antes a casa, le preocupaba dejar mucho tiempo solo a su marido, así que decidió volver en el tren de las siete de la mañana. Ya en la entrada, dejó su maleta en la acera para buscar las llaves. _El auto aun está en casa, Jack no ha ido al trabajo hoy_ pensó. Le pareció extraño que las cortinas de la casa estuvieran cerradas, así que se apresuró en abrir la puerta. Al entrar sintió un fuerte olor a alcohol y cigarro. La casa estaba en completo desorden. Llamó pero no obtuvo respuesta. Dejó su maleta en la puerta. Estaba molesta al ver aquel desastre pero también extrañada porque su marido nunca sería capaz de hacer algo así. Se dirigió a la cocina y vio las lámparas encendidas. Extrañada las apagó y volvió al comedor. Luego subió al segundo piso y lo buscó en el baño, pero Jack tampoco se encontraba allí. Luego en su habitación, vio la cama desecha. Como no lo encontró bajó al primer piso y se dirigió al living. No entendía que había sucedido con su marido, ni menos por qué su pijama a rayas se encontraba en medio de la sala extendido, como si alguien lo hubiera dejado así a propósito. Pensó en llamar a la policía para reportar su desaparición pero luego resolvió esperar. Sin poder entender lo que sucedía, se sentó en el sillón a contemplar la habitación cuando de pronto se percató que había algo extraño con su sombra, el brazo derecho había desaparecido.